Rojo y blanco
Rojo y blanco Después de aquel consuelo, se estableció un silencio que duró dos horas. Les quedaba todavía una posta de seis leguas, hacía frío y lloviznaba; tuvieron que cerrar la calesa. La noche se les caía encima, el país que atravesaban era estéril y llano; no se veía ni un árbol. Durante aquella eterna posta de seis leguas, se hizo completamente de noche y reinó una oscuridad profunda. Coffe notaba que Leuwen cambiaba de posición cada cinco minutos.