Rojo y blanco
Rojo y blanco —A fe mÃa, señor, que esto está bien. Además de mis procedimientos generales: circulares, agentes, viajantes, amenazas verbales, etc., etc., con cuya relación no quiero fatigarle, pues supongo que no me creerá tan poco hábil como para dejar de llevar las cosas hasta su punto extremo, extremo que puedo probarle por medio de las cartas del enemigo que he requisado en la oficina de correos, entre las cuales hay tres del National, detalladas como un atestado y que le aseguro gustarÃan enormemente al rey, además de los procedimientos normales, repito, de la desaparición de Malot en el momento de iniciarse la lucha y de los electores jesuitas del señor Crochard, poseo un medio para poder seducir a Blondeau. Este excelente propietario de unas fundiciones, desde luego, no ha inventado la pólvora, pero generalmente sabe seguir un consejo acertado y hacer sacrificios por una buena causa. Tiene un sobrino en ParÃs, abogado y escritor, que ha estrenado una obra teatral en el «Ambigu». El tal sobrino, que no tiene nada de tonto, recibió mil francos de su tÃo para realizar gestiones en favor del mantenimiento del arancel sobre los hierros, ha escrito artÃculos en los periódicos y, en fin, a veces come en el ministerio de Hacienda. Algunas personas de la región establecidas en ParÃs le han escrito. En el primer correo después de la marcha de Malot, puede llegar una carta de ParÃs anunciándome que el señor Blondeau, el sobrino, ha sido nombrado secretario general del ministerio de Hacienda. Durante ocho dÃas recibo cartas en el mismo sentido y me consta que diecisiete electores liberales (conozco la cifra exacta) tienen intereses directos en el ministerio de Hacienda; Blondeau les dirá claramente y sin ambages, que si votan contra él, su sobrino se enfadará.