Rojo y blanco
Rojo y blanco »Ahora, señor consejero, dígnese echar una ojeada sobre esta relación de votos:

Únicamente me faltan dos votos, y el nombramiento del señor Blondeau, el sobrino, Aristides Blondeau, para un cargo en el ministerio de Hacienda, me da, por lo menos, seis votos. Mayoría: cuatro votos. Además, señor, si me autoriza usted, en caso de extrema necesidad, a anunciar cuatro destituciones (doy mi palabra de honor respaldada por unas arras de mil francos depositados en manos de terceros), podría anunciar al ministro una mayoría no de cuatro miserables votos, sino de doce y quizá de dieciocho. Tenemos la suerte de que Blondeau sea un imbécil, que en su vida no ha hecho sombra a nadie. Cada día me repite personalmente que dispone de doce votos, pero no está esto muy claro. Sin embargo, todas estas cosas son caras, caballero, y yo, padre de familia, no puedo hacer la guerra a mis propias expensas. El ministro, por medio de su despacho del día 15, que lleva la anotación de reservado, me anuncia la apertura de un crédito de mil doscientos francos para las elecciones de este departamento. De dicho crédito he gastado ya mil novecientos veinte francos. Espero que Su Excelencia será lo suficientemente justa para no dejar de abonarme esos setecientos veinte francos de diferencia.