Rojo y blanco
Rojo y blanco —Si tiene usted éxito, no tenga ninguna duda sobre ello —dijo Leuwen—. En caso contrario debo decirle, señor, que mis instrucciones no contienen ni una sola palabra referente a esa cuestión.
El señor de Roquebourg enrollaba entre sus manos el vale de seiscientos francos que le habÃa entregado Leuwen. Súbitamente se dio cuenta de que la letra con que habÃa sido escrito era la misma de la carta apostillada reservado, de cuyo contenido sólo habÃa explicado una parte a aquellos caballeros. Desde aquel momento su respeto hacia el comisario de las elecciones no tuvo lÃmites.
—No hace ni dos meses —añadió el señor de Riquebourg rojo de emoción al poder dirigir la palabra a un favorito del ministro—, que Su Excelencia se ha dignado escribirme una carta de su puño y letra, relativa al importante asunto de N…
—El rey concede a dicho asunto la mayor importancia.
El prefecto abrió un cajón secreto de una gran mesa de despacho y sacó de él la carta del ministro, que leyó en voz alta, y a continuación la entregó a los caballeros que con él estaban.
—Es letra de Cromier —dijo Coffe.
—¡Cómo! ¿No es de Su Excelencia? —exclamó el prefecto desilusionado—. ¡Yo entiendo algo de caligrafÃa, señores!