Rojo y blanco
Rojo y blanco La ironÃa con que fueron dichas estas últimas palabras no pasó desapercibida al señor de Séranville. Su cara estaba convulsionada mientras Coffe abrÃa, con la calma más provocativa, la cartera de piel de Rusia del señor consejero.
«Entre los dos —pensaba— vamos a poner a este hombrecito en la parrilla. Mi parte consiste en mantenerle el mayor tiempo posible en esta agradable situación».
La preparación del recado de escribir y después la de la mesa, ocuparon un buen minuto y medio, durante el cual Leuwen se mostró en la más perfecta calma y silencio.
«El vanidoso militar está venciendo al civil», se dijo Coffe.
Cuando al fin estuvo cómodamente instalado para escribir, dijo:
—Si es usted tan amable de comunicamos su estado numérico en cuanto a las elecciones, tomaré nota de él.
—Claro, claro —contestó el exiguo prefecto.
«Repetición viciosa», pensó el inexorable Coffe.
Y el prefecto lo dijo, pero sin dictar…