Rojo y blanco
Rojo y blanco —Al cabo de treinta o cuarenta años de elecciones, los provincianos serán menos estúpidos.
ExistÃa una colección de antigüedades romanas encontradas en Lillebone y estuvieron varios minutos discutiendo con el guardián de las mismas sobre una estatua etrusca, de tal modo cubierta de orÃn por el paso del tiempo, que su forma primitiva casi habÃa desaparecido. El guarda, según le habÃa dicho el bibliotecario, la situaba a dos mil setecientos años antes, cuando nuestros dos amigos fueron abordados por un caballero muy elegante y educado.
—¿Me perdonarán ustedes si me atrevo a dirigirles la palabra sin haber sido presentado? Soy el mayordomo del general Fari, que está esperándoles desde hace una hora en su posada, y que les ruega se sirvan aceptar sus disculpas por haberles avisado. Pero el general Fari me ha encargado les comunique, literalmente, sus propias palabras, que son las siguientes: «El tiempo apremia».
—Le seguimos inmediatamente —dijo Leuwen—. He aquà un mayordomo que me causa envidia.