Rojo y blanco
Rojo y blanco »Hace un par de meses pensaba que el señor de Mairobert no obtendrÃa más de trescientos cincuenta o trescientos ochenta votos seguros. Esperaba que en su gira electoral, el prefecto podrÃa lograr un centenar de votos de los indecisos, especialmente en el distrito de R…, que tiene urgente necesidad de una carretera que conduzca a D… Pero el prefecto carece de toda influencia personal, habla demasiado bien y le falta sinceridad, aparentemente; es incapaz de convencer a un habitante de la Baja NormandÃa en una conversación de media hora. Es terrible, incluso con sus comisarios de policÃa, los cuales, no obstante, en su presencia andan a gatas. Uno de ellos, un miserable digno de galeras, donde quizás haya estado un tal Saint…, se enfadó hace cosa de un mes, y en los términos que ustedes me excusarán de repetir, dijo lo que pensaba del prefecto y se lo demostró. Viendo que no ejercÃa ninguna influencia personal, el señor de Séranville se ha lanzado al sistema de las circulares y a las cartas amenazadoras a los alcaldes. En mi opinión (en realidad yo jamás he administrado, me he limitado a mandar, y me someto a la de otras inteligencias más esclarecidas), pero en fin, en mi opinión, el señor de Séranville, que escribe bastante bien, ha abusado de las cartas administrativas. Conozco a más de cuarenta alcaldes, cuya lista puedo proporcionar al señor ministro si lo desea, a los cuales dicho señor ha molestado con sus cartas.