Rojo y blanco
Rojo y blanco »¡Y bien! ¿Qué es lo que puede suceder, después de todo?, dicen éstos. Fracasará en su elección. ¡Pues tanto mejor!: será destituido y nosotros nos veremos libres de él. No nos pueden mandar a otro peor».
«El señor Bordier —prosiguió el general—, un alcalde tÃmido del municipio de N… que dispone de nueve electores, ha quedado tan sumamente espantado por las cartas recibidas del señor prefecto y de la naturaleza de los informes que le solicitaba, que ha hecho correr la voz de que padecÃa un ataque de gota y que no podÃa valerse. Desde hace cinco dÃas no sale de su casa, diciendo que se halla en cama. Pero el pasado domingo, a las seis de la mañana, cuando amanecÃa, salió de ella para ir a misa.
»Finalmente, en su gira electoral, el señor prefecto ha metido el miedo en el cuerpo a quince o veinte electores tÃmidos, y con esto ha conseguido indignar por lo menos a cien, los cuales, unidos a los trescientos sesenta que considero inquebrantables en sus convicciones, personas que desean un rey fantoche gobernando recta según la Carta, hacen un total de cuatrocientos sesenta. Ésta es la cifra que puede alcanzar el señor Mairobert, una pequeña y limitada mayorÃa de diez votos solamente.