Rojo y blanco
Rojo y blanco Se puso el uniforme y salió de las habitaciones de observación para dirigirse a depositar su voto. La multitud se apartó para dejarle espacio y que pudiera recorrer los cien pasos que le separaban de la puerta del colegio electoral. El general entró en él; en el momento en que se acercaba a la mesa, fue aplaudido por todos los electores mairobertistas.
«Éste no es un vil canalla como el prefecto —comentaban en voz alta—, no tiene más que su paga y una familia que mantener».
Leuwen mandó un tercer cable con el siguiente texto:
«Caen, a las cuatro de la tarde.
»Los jefes legitimistas parecen de buena fe. Observadores militares colocados en las puertas de la ciudad, han visto salir por ellas a diecinueve o veinte agentes que van al campo en busca de ciento sesenta electores legitimistas. Si ochenta o cien de ellos llegan el 18 antes de las tres de la tarde, Hampden no será elegido. En los momentos presentes, tiene mayoría para la presidencia de la mesa. El escrutinio se realizará a las cinco».
Efectuado éste, dio el siguiente resultado:
