Rojo y blanco
Rojo y blanco Estos diecinueve votos favorables al señor de Crémieux proporcionaron una gran alegría al general y a Leuwen; era casi una prueba de que Le Canu no se burlaba de ellos.
A las seis, valores al portador inobjetables, que ascendían a cien mil francos, fueron entregados personalmente por el recaudador general al general Fari y a Leuwen, los cuales le extendieron el correspondiente recibo.
Se presentó el señor Ledoyen. Era un acaudalado propietario que gozaba de general estima. Tuvo lugar la ceremonia de la cajita, se dieron recíproca palabra de honor de entregar la misma y su contenido al señor Ledoyen, si cualquier otro que no fuera Mairobert era elegido, y si lo era, al general Fari.
Una vez se hubo marchado el señor Ledoyen, sentáronse a cenar.
—Ahora el gran asunto es el prefecto —dijo el general, extraordinariamente alegre aquella tarde—. Hagamos acopio de valor y lancémonos al asalto. Calculo que mañana habrá más de 900 votantes.

»Tenemos, pues cuatrocientos ocho votos de ochocientos setenta y tres. Supongamos que los veintisiete votos que lleguen mañana por la mañana sean diecisiete para Mairobert y diez para nosotros; entonces tendremos:
