Rojo y blanco
Rojo y blanco »Y cincuenta y un votos que nos aporte Le Canu, darÃan la victoria al señor de Crémieux.
Estas cifras fueron revisadas y estudiadas de cien formas distintas por el general, Leuwen, Coffe y el capitán ayudante Méniére, únicos comensales en la cena.
—Hagamos venir a nuestros dos mejores agentes —dijo el general.
Llegaron dichos señores y después de una larga discusión, tuvieron que reconocer que la presencia en las urnas de sesenta legitimistas decidirÃa la elección.
—Ahora, vayamos a la Prefectura —añadió el general.
—Si no lo considera indiscreto, me permito rogarle —dijo Leuwen— que sea usted quien se entreviste con el prefecto; ya sabe que no soy persona grata para él. Sea usted, por favor, el que lleve el peso de la conversación.
—Esto está algo en contra de lo que habÃamos convenido; recuerde que me habÃa reservado un papel completamente secundario. Pero, en fin, seré yo el que abra el debate, como dicen en Inglaterra.