Rojo y negro
Rojo y negro La espabiló por completo la necesidad de contenerse y se sintió menos desdichada; la razón recobró el imperio de que la había privado el estado de duermevela. Para librarse de la mirada de su doncella le ordenó que leyese el periódico y fue con el ruido de fondo monótono de la voz de la muchacha leyendo un largo artículo de La Quotidienne como la señora de Rênal adoptó la virtuosa resolución de tratar a Julien con una frialdad absoluta cuando volviera a verlo.