Rojo y negro
Rojo y negro «Este marqués no serÃa tan educado como mi guapo obispo —pensó—. ¡Ay, el estado eclesiástico lo vuelve a uno dulce y sabio! Pero el rey ha venido a adorar la reliquia y no veo ninguna reliquia. ¿Dónde estará san Clemente?»
Por un sacerdote joven que estaba sentado a su lado se enteró de que la venerable reliquia estaba en la parte más alta del edificio, en una capilla ardiente.
«¿Qué es una capilla ardiente?», se dijo Julien.
Pero no quiso pedir que le explicasen esa palabra. Estuvo cada vez más atento.
En caso de visita de un prÃncipe soberano, la etiqueta exige que los canónigos no acompañen al obispo. Pero, al echar a andar hacia la capilla ardiente, el obispo de Agde llamó al padre Chélan; Julien se atrevió a seguirlo.
Tras subir una escalera larga, llegaron a una puerta muy pequeña, pero cuya chambrana gótica estaba espléndidamente dorada. Aquella obra parecÃa hecha la vÃspera.