Rojo y negro
Rojo y negro Su majestad se dignó permitir a las jovencitas que lo habían acompañado en la capilla que llevasen una cinta roja en que iban bordadas estas palabras: odio al impío, adoración perpetua.
El señor de La Mole mandó que se repartiesen entre los campesinos diez mil botellas de vino. Por la noche, en Verrières, los liberales dieron con razones para encender luminarias cien veces mejores que las de los monárquicos. Antes de irse, el rey fue a hacerle una visita al señor de Moirod.