Rojo y negro
Rojo y negro «Estoy acostumbrado a Louise —se decÃa—; está al tanto de todos mis asuntos; aunque estuviera en libertad de casarme mañana mismo no encontrarÃa quién la sustituyera.» Se complacÃa entonces en la idea de que su mujer era inocente; ese enfoque no lo ponÃa en la necesidad de mostrar firmeza de carácter y le resultaba mucho más ventajoso; ¡cuántas mujeres calumniadas se han visto!
«Pero ¡cómo! —exclamaba de pronto, caminando con paso convulso—. ¡Acaso voy a tolerar, como si fuera yo un cualquiera o un pelagatos, que se rÃa de mà con su amante! ¿Va a mofarse todo Verrières de mi mansedumbre? ¡Qué no habrán dicho de Charmier (un marido de la comarca notoriamente engañado)! ¿No hay una sonrisa en todos los labios cuando lo nombran? Es un buen abogado, pero ¿quién menciona nunca su talento para usar las palabras? ¡Ah, Charmier!, dicen, ¡el Charmier de Bernard! ¡Asà lo llaman, con el nombre del hombre que lo convierte en oprobiado!»