Rojo y negro
Rojo y negro Nunca la vanidad enzarzada con todo lo más agrio y más mezquino que pueda darse en el ruin amor al dinero ha dejado a un hombre en más lamentable estado que ese en que estaba el señor de Rênal cuando entró en la taberna. Nunca, en cambio, habÃan estado sus hijos más jubilosos. Este contraste acabó de picarlo.
—¡Por lo que veo, estoy de más en mi familia! —dijo al entrar, con un tono que pretendió que resultara imponente.
Por toda respuesta, su mujer se lo llevó aparte y le manifestó la necesidad de que alejase a Julien. Las horas de felicidad que acababa de pasar le habÃan devuelto la desenvoltura y la firmeza necesarias para seguir adelante con el plan de conducta que llevaba quince dÃas meditando. Lo que acababa de sacar de sus casillas al pobre alcalde de Verrières era saber que corrÃan bromas por la ciudad respecto a su apego al bolsillo. El señor Valenod era generoso como un ladrón y él se habÃa comportado de forma más prudente que vistosa en las cinco o seis colectas últimas para la cofradÃa de san José, para la congregación de la Virgen, para la Congregación del SantÃsimo Sacramento, etc., etc., etc.