Rojo y negro
Rojo y negro —No vaya nunca a ningún sitio que no sea este; mandaré que le preparen café. Acuérdese de que aquà encontrará siempre una buena amiga y una buena cena a un franco; eso es hablar, no me diga que no. Vaya a sentarse a la mesa, que voy a servirle yo misma.
—No serÃa capaz de comer nada —le dijo Julien—. Estoy demasiado turbado; al salir de aquà voy a ingresar en el seminario.
La buena mujer no dejó que se fuera hasta haberle llenado los bolsillos de provisiones. Finalmente, se encaminó Julien hacia el lugar terrible; la hospedera, subida en los peldaños de la puerta, le indicaba el camino.