Rojo y negro
Rojo y negro Si hablásemos en la lengua del seminario, podrÃamos ver las trazas de un milagro en ese envÃo de quinientos francos y decir que era del mismÃsimo padre de Frilair de quien se servÃa el cielo para hacerle ese regalo a Julien.
Doce años antes, el padre de Frilair habÃa llegado a Besançon con un portamanteo muy exiguo donde, según las crónicas, iban todas sus pertenencias. Ahora era uno de los terratenientes más acaudalados del departamento territorial. En el transcurso de su prosperidad, compró la mitad de una finca cuya otra mitad correspondió por herencia al señor de La Mole. De ahà vino un magno pleito entre ambos.
Pese a la brillante vida que llevaba en ParÃs y los cargos que desempeñaba en la corte, el señor marqués de La Mole sentÃa que era peligroso luchar en Besançon contra un vicario general que tenÃa fama de nombrar y destituir a los prefectos. En vez de solicitar una gratificación de cincuenta mil francos, disfrazada con un nombre cualquiera que admitieran los gastos del Estado y dejar que ganase el padre de Frilair ese pleito insignificante de cincuenta mil francos, el marqués se picó. Estaba convencido de que tenÃa razón: ¡ni que eso fuera una razón!
Ahora bien, si se me permite decirlo: ¿qué juez no tiene un hijo, o al menos un primo, a quien colocar en sociedad?