Rojo y negro
Rojo y negro Para aclararles las cosas a los más ciegos: ocho dÃas después de la primera sentencia favorable, el padre de Frilair se subió a la carroza del señor obispo y fue a llevarle en persona a su abogado la cruz de la Legión de Honor. El señor de La Mole, un poco aturdido con la presencia de ánimo de la parte contraria y notando que sus abogados se achicaban, pidió consejo al padre Chélan, quien lo puso en relación con el padre Pirard.
Esa relación duraba ya hacÃa varios años en la época de nuestra historia. El padre Pirard puso todo el apasionamiento de su carácter al servicio del caso. Trató continuamente con los abogados del marqués, estudió la causa y, hallándola justa, se convirtió abiertamente en el procurador del señor de La Mole en contra del todopoderoso vicario general. ¡Este puso el grito en el cielo ante semejante insolencia que, encima, procedÃa de un jansenista de poca monta!
—¡FÃjense en esa nobleza cortesana que alardea de ser tan poderosa! —les decÃa a sus Ãntimos el padre de Frilair—. El señor de La Mole no le ha enviado a su agente en Besançon ni una mÃsera condecoración y va a consentir sin más que lo destituyan. Y, sin embargo, por las cartas que recibo sé que ese noble senador no deja pasar semana sin lucir su banda azul de la Orden del EspÃritu Santo en el salón del canciller, sea quien sea este.