Rojo y negro
Rojo y negro «No es el señor de Rênal —pensó—. Tiene muy mala punterÃa.» Los perros corrÃan a su lado en silencio; un segundo disparo debió de romperle una pata a un perro, porque empezó a soltar lamentos. Julien saltó la tapia de una de las terrazas, anduvo a cubierto alrededor de cincuenta pasos, y siguió huyendo en otra dirección. Oyó voces que se llamaban entre sà y vio claramente al criado que era enemigo suyo dispararle un tiro de escopeta; un granjero acudió también para disparar desde el otro lado del jardÃn, pero Julien habÃa llegado ya a orillas del Doubs, donde se estaba vistiendo.
Pasada una hora, estaba a una legua de Verrières, por la carretera de Ginebra. «Si sospechan algo —pensó Julien—, me buscarán por la carretera de ParÃs.»
FIN DE LA PRIMERA PARTE
To the happy few[32]