Rojo y negro
Rojo y negro Cualquier pasión que sea auténtica solo piensa en sà misma. Por eso, creo, resultan tan ridÃculas las pasiones en ParÃs, donde el de al lado pretende siempre que estemos muy pendientes de él. Me guardaré muy mucho de referir los arrebatos de Julien en la Malmaison. Lloró. ¡Cómo! ¿Pese a esas tapias blancas tan feas que han construido este año y que dividen en pedazos el parque? SÃ, señor; para Julien, igual que para la posteridad, no mediaba nada entre Arcole, Santa Elena y la Malmaison.[34]
Por la noche, Julien tuvo muchas dudas antes de meterse en el teatro; tenÃa ideas peculiares sobre ese lugar de perdición.
Una honda meditación le impidió admirar el ParÃs vivo, solo le llegaban al alma los monumentos que habÃa dejado su héroe.
«¡Heme aquÃ, pues, en el centro de la intriga y la perdición! Aquà imperan los protectores del padre de Frilair.»
La tarde del tercer dÃa, la curiosidad pudo más que el proyecto de verlo todo antes de presentarse ante el padre Pirard. Este le explicó con tono frÃo la clase de vida que lo esperaba en casa del señor de La Mole.