Rojo y negro
Rojo y negro Ese hombrecillo fue quien hizo pensar a Julien por primera vez en que era posible que la señora de Fervaques, aunque no respondiera a sus cartas, viera con indulgencia el sentimiento que las dictaba. El alma negra del señor Tanbeau estaba destrozada al pensar en los éxitos de Julien: pero, como por otra parte un hombre de valía no puede, como tampoco puede un tonto, estar en dos sitios a la vez, si Sorel llega a ser el amante de la sublime mariscala, se decía el futuro profesor, esta le hallará un lugar ventajoso en la Iglesia y yo me veré libre de él en el palacio de La Mole.
También el padre Pirard le echó a Julien largos sermones sobre sus éxitos en el palacete de Fervaques. Había una envidia de secta entre el austero jansenismo y el salón jesuita, regenerador y monárquico, de la virtuosa mariscala.