Rojo y negro
Rojo y negro Cuando, tras una larga ensoñación conseguía reanudar el razonamiento, se decía: «Así que obtendría un día de felicidad, tras el cual volverían a empezar sus rigores, fundados, ¡ay!, en el poco poder que tengo para resultarle grato; y no me quedaría ya ningún otro recurso, estaría destruido y perdido para siempre.
»¿Qué garantías puedo esperar de ella con esa forma de ser suya? Mis pocos méritos, por desdicha, son la respuesta a todo. Me faltará elegancia en los modales, mi forma de hablar será torpe y monótona. ¡Santo cielo! ¿Por qué yo soy yo?».