Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por vez primera, a esa alma que le tenía miedo a todo la movía un interés ajeno a sus pretensiones de rango y superioridad social. El anciano portero se fijó en que cuando entregaba una carta de ese joven tan guapo que parecía tan triste podía tener la seguridad de que se esfumaría esa expresión distraída y malhumorada que tenía siempre buen cuidado la mariscala de poner cuando se presentaba alguno de los criados.

El aburrimiento de una forma de vivir que solo ambicionaba causar efecto en el público, sin disfrutar realmente, en lo hondo del corazón, de esa clase de éxito, se le había vuelto tan intolerable a la señora desde que pensaba en Julien que, para que no maltratase en todo el día a las doncellas, bastaba con que la víspera hubiera pasado una hora de la velada con ese joven tan singular. Su naciente buena fama pudo más que unas cartas anónimas muy bien escritas. En vano proporcionó Tanbeau a los señores de Luz, de Croisenois y de Caylus dos o tres calumnias muy hábiles y que dichos señores se complacieron en difundir, sin darse cuenta en buena medida de las verdad de las acusaciones. La mariscala, cuyo pensamiento no estaba hecho para resistir a esos medios vulgares, le contaba sus dudas a Mathilde y acababa siempre consolada.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker