Rojo y negro
Rojo y negro »No, no tiene el talento hábil y cauteloso de un procurador, que no pierde ni un minuto ni una oportunidad… No es un carácter a lo Luis XI. Por otro lado, veo en él las máximas más opuestas a la generosidad… Me pierdo… ¿Será que se repite esas máximas para que les sirvan de dique a sus pasiones?
»Por lo demás, hay una cosa que le sale a flote: se irrita con el desprecio; por ahà lo tengo cogido.
»No tiene el culto del rancio abolengo, cierto es, no nos respeta instintivamente… Es un yerro, pero, en fin, el alma de un seminarista solo deberÃa irritarse con la falta de goces y de dinero. Él, muy diferente en eso, no puede soportar de ninguna manera el desprecio.»
Al acuciarlo la carta de su hija, el señor de La Mole se vio en la necesidad de tomar una decisión: «En resumidas cuentas, la pregunta fundamental es esta: ¿ha llevado Julien la audacia al extremo de cortejar a mi hija porque sabe que la quiero más que a nada en el mundo y que tengo cien mil escudos de renta?
»Mathilde afirma lo contrario… No, señor Julien, este es un punto en que no quiero dejar que me engañe nadie.