Rojo y negro
Rojo y negro Tomó la decisión de obedecer, pero tuvo buen cuidado de no enseñarle a Julien la carta de su padre; habrÃa podido incitar a alguna insensatez a ese carácter arisco.
Por la noche, cuando le dijo a Julien que era teniente de húsares, la alegrÃa de este llego al colmo. Nos la podemos figurar por la ambición de toda una vida y por la pasión que sentÃa ahora por su hijo. El cambio de apellido lo dejaba atónito.
«A fin de cuentas —pensaba—, se ha acabado mi novela y a mà me corresponde todo el mérito. He sabido hacer que me amase este monstruo de orgullo —añadÃa, mirando a Mathilde—; su padre no puede vivir sin ella y ella no puede vivir sin mÃ.»