Rojo y negro
Rojo y negro PodÃa perdonarlo todo menos el proyecto de seducirla por ser rica. Esta es, desventurada muchacha, la espantosa realidad. Le doy mi palabra de honor de que no consentiré nunca en una boda con ese hombre. Contará con diez mil libras de renta si quiere vivir lejos, fuera de las fronteras de Francia o, mejor aún, en América. Lea la carta que he recibido en respuesta a las informaciones que habÃa pedido. Ese desvergonzado me habÃa animado personalmente a escribir a la señora de Rênal. Nunca leeré una lÃnea de usted que tenga que ver con ese hombre. Estoy asqueado de ParÃs y de usted. La insto a que oculte con el más profundo secreto lo que debe suceder. Renuncie sinceramente a ese hombre infame y recuperará a un padre.
—¿Dónde está la carta de la señora de Rênal? —dijo con frialdad Julien.
—Aquà está. No he querido enseñártela hasta que estuvieras preparado.
CARTA