Rojo y negro

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Todo está perdido; venga lo antes posible, renuncie a todo, deserte si es menester. En cuanto llegue, espéreme en un coche de alquiler cerca de la puertecita de jardín, en el n.º… de la calle… Iré a hablar con usted y a lo mejor puedo meterlo en el jardín. Todo está perdido, y me temo que sin solución; cuente conmigo, me encontrará abnegada y firme en la adversidad. Lo amo.

En pocos minutos, Julien obtuvo un permiso del coronel y salió de Estrasburgo a galope tendido; pero la espantosa intranquilidad que lo corroía no le permitió seguir viajando así pasado Metz. Se subió a una silla de postas y llegó con rapidez casi increíble al lugar indicado, junto a la puertecita del jardín del palacete de La Mole. Esa puerta se abrió y, al instante, Mathilde, olvidada de todo respeto humano, se le echó en los brazos. Afortunadamente solo eran las cinco de la mañana y la calle aún estaba desierta.

—Todo está perdido; mi padre, temiendo mis lágrimas, se fue el jueves por la noche. ¿Adónde? Nadie lo sabe. Esta es su carta; lea.

Y se metió en el coche de alquiler con Julien.


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