Rojo y negro
Rojo y negro El padre de Frilair era uno de los hombres importantes que encargaban a Fouqué que lo abasteciera de leña. El buen comerciante llegó hasta el todo poderoso vicario general. Se quedó encantadísimo cuando el padre de Frilair le comunicó, que conmovido ante las buenas prendas de Julien y los servicios prestados tiempo atrás al seminario, pensaba recomendárselo favorablemente a los jueces. Fouqué vislumbro una esperanza de salvar a su amigo y, según salía y haciendo una marcada genuflexión, rogó al señor vicario general que destinase a misas por la absolución del acusado una cantidad de diez luises.
Fouqué andaba muy equivocado. El padre de Frilair no era un Valenod. No aceptó e incluso le dio a entender al buen campesino que más le valdría guardarse el dinero. Al ver que era imposible ser claro sin pecar de imprudencia, le aconsejó que diera esa cantidad en limosnas para los presos pobres, quienes, a decir verdad, carecían de todo.