Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Porqué iba a haber escogido el señor Sorel la iglesia si no fuera porque en ese preciso instante estaba diciendo misa su rival? —decía, clavando la mirada ardiente en Mathilde—. Todo el mundo considera que ese hombre dichoso a quien quiere usted proteger tiene muchísima inteligencia y aún más prudencia. ¿Habría habido algo más sencillo que ocultarse en los jardines del señor de Rênal, que tan bien conoce? Allí, con la certidumbre casi total de que nadie lo viera, ni lo cogiera, ni sospechara de él, podía matar a la mujer de quien estaba celoso.

Esta forma de razonar, tan correcta aparentemente, acabó de poner a Mathilde fuera de sí. Aquella alma altanera, pero saturada de toda esa prudencia árida que pasa en la alta sociedad por ser un fiel retrato del corazón humano, no estaba hecha para entender a la primera la felicidad de desdeñar cualquier prudencia, que tan acuciante puede resultarle a un alma ardorosa. En los rangos elevados de la sociedad parisina en los que había vivido Mathilde, la pasión no puede sino muy pocas veces prescindir de la prudencia; se tiran por la ventana los de esa clase social que vive en un quinto piso.

Por fin estuvo seguro de su imperio el padre de Frilair. Le dio a entender a Mathilde (mentía seguramente) que podía disponer a su gusto del ministerio público a quien correspondía acusar a Julien.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker