Rojo y negro
Rojo y negro —Respondo de la declaración del jurado. De entre las doce personas encargadas de examinar si el delito del protegido de usted es algo probado y, sobre todo, si hubo premeditación, tengo seis amigos muy fieles a mi causa y les he dado a entender que de ellos dependÃa que yo fuera obispo. El barón de Valenod, a quien nombré alcalde de Verrières, dispone por completo de dos de sus administrados, los señores de Moirod y de Cholin. Cierto es que la suerte nos ha deparado para este caso a dos miembros del jurado que piensan torcido; pero, aunque sean ultraliberales, obedecen mis órdenes en las ocasiones importantes, y les he hecho llegar mi ruego de que voten como el señor Valenod. Me he enterado de que un sexto miembro del jurado, un industrial inmensamente rico y un charlatán liberal, aspira en secreto a una intendencia en el ministerio de la Guerra y, seguramente, no querrá desagradarme. Ya le he mandado decir que mi última palabra la tiene el señor Valenod.
—Y ¿quién es ese señor Valenod? —dijo Mathilde preocupada.
—Si lo conociera no podrÃa dudar del éxito. Es un charlatán descarado, desvergonzado, zafio, hecho para dirigir a los tontos. 1814 lo sacó de la miseria y yo voy a convertirlo en prefecto. Es capaz de pegar a los demás miembros del jurado si no quieren votar como él les diga.
Mathilde se marchó, algo más tranquila.