Carrie
Carrie La telequinesis, dicen los expertos, surge en momentos de estrés extremo. Es una mutación, una anomalÃa. Carrie la tenÃa latente. Dormida. Hasta ahora.
De vuelta en casa, Carrie camina con la cabeza baja, cargando con el peso de la sangre y la vergüenza. Una vecina la insulta. Un niño le lanza improperios. Ella lo mira con odio… y él cae de su bicicleta como si una fuerza invisible lo empujara. Ella sonrÃe por primera vez.
Hay algo nuevo en ella. Algo peligroso.
Cuando llega a casa, Margaret la espera con una Biblia en la mano y fuego en los ojos.
—¡Has pecado, Carrie! ¡El Señor te castiga con la sangre! ¡Sangre por la fornicación de Eva!
Carrie suplica, llora, pero termina encerrada en el armario, a oscuras, de rodillas. Rezando. Pero esta vez, algo ha cambiado. Esta vez no está sola en su mente. Ahora hay una llama, un latido. Una conciencia distinta. Poder.
Y en Chamberlain, sin que nadie lo sepa aún, el desastre ya está en marcha. Porque cuando una chica maltratada toda su vida despierta y encuentra un arma dentro de sÃ, lo único seguro… es que algo va a arder.
