Después de medianoche
Después de medianoche Los motores rugieron. Las luces de la pista parpadearon.
Y el horizonte se rompió.
Algo emergió de la distorsión. Algo que no tenÃa forma, solo movimiento. Un torbellino de dientes, vacÃo y sombras.
Los langolieros.
El sonido se intensificó.
Y el mundo detrás de ellos comenzó a desmoronarse.
El avión rugió sobre la pista mientras la cosa en el horizonte avanzaba. No caminaba, no volaba. Se deslizaba como una sombra viviente, devorando el mundo detrás de ella.
Los langolieros.
Brian tiró de los controles, sintiendo la resistencia de una realidad que ya no se comportaba como debÃa. El tren de aterrizaje se sacudió con fuerza. La pista se despedazaba bajo ellos, convirtiéndose en un borrón de vacÃo y dientes.
—¡Vamos, vamos, vamos! —Nick apretó los dientes, mirando por la ventanilla.
El horizonte estaba roto. No habÃa cielo ni tierra, solo un abismo hambriento que se acercaba demasiado rápido.
Y entonces, con un último esfuerzo, el avión se elevó.