Después de medianoche
Después de medianoche Un segundo más tarde, y habrían sido historia.
En la cabina, Brian estabilizó el vuelo, el sudor resbalando por su frente.
—¿Todos bien?
El intercomunicador crujió. La voz de Albert llegó distorsionada.
—No lo sé, pero no quiero mirar atrás.
Brian y Nick se miraron. No querían hacerlo. No realmente.
Pero lo hicieron.
Por las ventanas traseras, vieron cómo el aeropuerto de Bangor se desmoronaba, tragado por las sombras. La tierra no explotaba ni colapsaba, simplemente desaparecía. Como si nunca hubiera existido.
Don Gaffney respiró con dificultad.
—Esto no es normal.
—Nada de esto es normal —susurró Laurel.
Dinah, en su asiento, temblaba.
—Siguen ahí. Nos siguen.
Rudy dejó escapar una risa temblorosa.
—Pero estamos volando. Estamos a salvo.
Albert negó con la cabeza, su rostro pálido.
—¿Y si no hay ningún lugar a donde ir?
Silencio.
Nick se pasó una mano por el rostro.
—Tenemos que entender qué está pasando.
Brian mantuvo el avión nivelado.