Duma Key
Duma Key Elizabeth Eastlake.
Edgar recorrió las pinturas con la mirada y el horror le estrujó el pecho.
—Esto… esto es lo que he estado pintando.
Wireman asintió lentamente.
—Lo sé.
En los lienzos, el mar se retorcÃa como una criatura viva. Figuras se ocultaban entre las olas, con rostros blancos y sonrisas vacÃas.
En todos ellos, una presencia se repetÃa.
Una mujer.
Vestida de negro, con el cabello flotando como serpientes en el viento.
—¿Quién es? —preguntó Edgar.
Wireman se quitó las gafas de sol y lo miró fijamente.
—Se llama Perse.
Edgar sintió que algo en su cabeza encajaba de golpe.
Perse.
El nombre que habÃa escuchado en sus sueños. El nombre que Elizabeth habÃa susurrado antes de colapsar.
—¿Qué es ella?
—Algo que nunca debió despertar —dijo Wireman en voz baja—. Algo que estuvo dormido por mucho tiempo… hasta que tú empezaste a pintar.