Duma Key
Duma Key Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Y cómo la detenemos?
Wireman le sostuvo la mirada.
—No lo sé.
Esa noche, Edgar tuvo la peor pesadilla de su vida.
Estaba en la playa, bajo un cielo sin estrellas. El agua se alzaba como un muro negro. Y en el centro de todo, ella.
Perse.
La mujer lo miraba desde la orilla, con los ojos brillantes como vidrio mojado.
Sonrió.
Y el mar se llenó de cadáveres.
Edgar se despertó gritando, con la ropa empapada en sudor.
Se sentó en la cama, tratando de calmar su respiración.
Fue entonces cuando lo vio.
En la esquina del cuarto, justo fuera del reflejo del espejo, una figura estaba de pie.
No se movía.
No respiraba.
Pero estaba allí.
Y lo estaba observando.