El resplandor
El resplandor La policía dijo que fue un accidente con la caldera. Nadie investigó demasiado. Un hotel viejo, aislado, un invierno brutal… tenía sentido. Y sin embargo, Hallorann, Wendy y Danny sabían la verdad. La estructura había caído, pero el espíritu del Overlook seguía flotando, como humo sin hogar.
Wendy intentó empezar de nuevo. Se mudaron a Florida. Calor, playas, multitudes. Todo lo contrario a la nieve y el silencio del Overlook. Pero nada podía cambiar lo vivido. Jack estaba muerto. El hombre que amó, el padre de su hijo, se había convertido en un monstruo y luego en mártir, todo en una misma noche.
Danny luchaba contra su propio reflejo. Veía cosas, aún. Rostros en las ventanas. Voces en las paredes. Pero también entendía su poder mejor. Ya no lo temía. Aprendía a usarlo. Hallorann lo ayudaba, enseñándole a poner “cajas” en su mente. Lugares donde encerrar los horrores cuando amenazaban con liberarse.
—No estás solo, chico. Nunca lo estuviste.
A veces, en la noche, Danny soñaba con su padre. Lo veía en los pasillos del Overlook, sosteniendo el martillo. Pero también lo veía como era antes: riendo, leyéndole cuentos, abrazándolo después de una pesadilla. Jack estaba roto, sí. Pero no era solo oscuridad. Había luchado. Al final, había elegido salvarlos.
—Papá… gracias —susurraba Danny, al aire, al viento, a la nada.