El visitante
El visitante —¿Y qué pasa con las pruebas contradictorias? ¿Qué pasa con el video de Cap City? ¿Qué pasa con el testigo que dijo que la cara de Terry se… se movió?
Samuels apretó los labios.
—No podemos basar una investigación en delirios.
Ralph sintió una rabia densa subirle por la garganta.
—Terry no mató a ese niño —dijo con firmeza—. No hay ninguna explicación lógica para lo que pasó. Pero lo que sea que hizo esto… sigue ahà afuera.
El fiscal le dio una palmada en el hombro, un gesto que se sintió como un clavo en la herida.
—Déjalo ir, Ralph.
Pero no podÃa.
Porque la duda se habÃa convertido en algo más grande. Algo que lo carcomÃa desde dentro.
Dos dÃas después del funeral, su esposa Jeannie despertó gritando en mitad de la noche.
Ralph saltó de la cama, el corazón martillando en su pecho.
—¿Qué pasa?
Jeannie estaba sentada, los ojos desorbitados, el rostro pálido como el de una muerta.
—HabÃa alguien en la habitación.
Ralph encendió la lámpara.
—No hay nadie aquÃ. Fue solo una pesadilla.