El visitante
El visitante —Esperar. —Holly levantó la vista y lo miró con frialdad—. Se esconde hasta que está listo para moverse de nuevo.
La cueva de Marysville estaba en las afueras de Flint City, un laberinto de túneles oscuros que solÃan usarse para minerÃa. Pero lo que importaba no era el lugar en sÃ, sino lo que vivÃa dentro.
Cuando llegaron, Yunel Sablo y Alec Pelley ya los esperaban con linternas y pistolas en mano.
—DÃganme que esto es una broma —gruñó Alec, mirando la oscura entrada de la cueva.
—Ojalá lo fuera —respondió Holly, ajustándose la mochila—. Pero tenemos que asegurarnos.
Nadie habló mientras avanzaban hacia la boca del túnel. La luz del atardecer se fue desvaneciendo detrás de ellos, reemplazada por una oscuridad que parecÃa absorber el sonido.
El aire olÃa a tierra mojada y a algo más.
Algo rancio.
Algo muerto.
—Dios… —murmuró Sablo, cubriéndose la nariz.
Ralph sintió un escalofrÃo en la nuca.
—Estamos en el lugar correcto.