La Milla Verde
La Milla Verde Su voz era grave pero suave, como el susurro del viento en un campo vacío. Paul no necesitaba mirar los papeles para saber por qué estaba allí. Coffey había sido condenado por el asesinato brutal de dos niñas blancas. Un crimen atroz. Pero había algo en él que no encajaba con la imagen de un asesino.
Brutal Howell y Harry Terwilliger lo escoltaron a su celda. Dean Stanton, otro de los guardias, miró a Paul.
—No parece el tipo que haría algo así, ¿verdad? —No te fíes de las apariencias —respondió Paul. Aunque algo en su interior ya empezaba a dudar.
A unos metros, tras los barrotes, otro prisionero los observaba con una sonrisa que nunca era buena señal. Eduard Delacroix, el cajún, retorcía sus dedos mientras murmuraba en francés. Pero fue otro hombre quien rompió el silencio.
—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Un negro tan grande que podría partirme por la mitad.
Percy Wetmore. El cáncer del bloque E. Un guardia joven, sádico, con demasiadas conexiones políticas para que alguien pudiera echarlo. Paul apretó la mandíbula.
—Cállate, Percy.
Pero Percy sonrió y se quedó quieto. Como un niño con una lupa, esperando quemar hormigas.
