La niebla
La niebla A medida que pasaban las horas, los grupos se fueron formando. Algunos, como Dan Miller, apelaban a la lógica y la organización. Otros, como la señora Carmody, pregonaban la llegada del Juicio Final. Su voz ganaba fuerza con cada nuevo incidente inexplicable.
—La sangre será el precio —decÃa, alzando una mano hacia el techo—. ¡El Todopoderoso exige un sacrificio!
David intercambió una mirada preocupada con Ollie.
—Esa mujer es un problema —murmuró.
—TodavÃa no —respondió Ollie, encogiéndose de hombros—. Dale un par de dÃas.
Una parte de David se preguntaba si tendrÃan siquiera un par de dÃas.
Billy se acurrucó contra él, exhausto por la tensión. David le acarició el cabello, murmurándole palabras de consuelo, mientras la tienda entera parecÃa contener la respiración.
El reloj de la pared avanzaba lento, implacable. Cada segundo sonaba como un latido sordo en el corazón de todos.
En algún lugar del mundo, el sol todavÃa brillarÃa.
En algún lugar, la vida seguirÃa.
Pero en Bridgton, atrapados en Federal Foods, lo único que existÃa era la niebla.