La niebla
La niebla Y lo que trajera con ella.
La noche cayó como una losa sobre el supermercado, y la oscuridad amplificó el miedo. Cada sonido —un crujido en las estanterÃas, un golpe seco en la fachada— resonaba en los nervios tensos de quienes se refugiaban dentro.
David intentó mantener la calma por Billy, que dormÃa encogido en el carrito. Lo tapó con su chaqueta, sintiendo el calor tembloroso del pequeño cuerpo. Afuera, la niebla seguÃa golpeando los ventanales, como si respirara.
Dan Miller se acercó, su rostro demacrado por las sombras.
—Tenemos que buscar una salida —dijo en voz baja—. No podemos quedarnos aquà hasta morir de hambre o de miedo.
David asintió. Lo sabÃa. Todos lo sabÃan. Pero ¿cómo moverse a ciegas en una niebla que parecÃa viva?
Un golpe repentino interrumpió cualquier respuesta. Esta vez más fuerte, más violento. Algo —algo grande— se estrelló contra la parte trasera del edificio.
Ollie Weeks, el siempre sereno subgerente, apareció armado con un viejo revólver que habÃa encontrado en la oficina.
