La niebla
La niebla —Hay una puerta en el almacén —anunció—. Tenemos que asegurarnos de que esté cerrada.
Un pequeño grupo se armó de valor: David, Ollie, Dan Miller y dos jóvenes. Avanzaron entre los estantes vacÃos, sus pisadas resonando en el silencio.
En el almacén, el aire era más frÃo, impregnado de un olor rancio. La puerta trasera temblaba ligeramente en sus goznes, como si alguien —o algo— presionara del otro lado.
—No me gusta esto —susurró uno de los muchachos.
David, sintiendo la tensión en el ambiente, se acercó a la puerta. Escuchó. Un roce, un chirrido… y entonces, un tentáculo, grueso como el tronco de un árbol, atravesó la abertura.
—¡Dios mÃo! —gritó uno de los jóvenes, retrocediendo.
La criatura no era visible en su totalidad, oculta por la niebla, pero el tentáculo que se agitaba dentro era suficiente para congelar la sangre. Se movÃa con una inteligencia terrible, palpando, buscando.
—¡La puerta! —bramó David, abalanzándose.
Ollie disparó. El estallido de la pistola llenó el espacio, pero el tentáculo parecÃa no inmutarse. Una de sus extremidades atrapó a Norm, el joven que habÃa gritado, y lo arrastró hacia la abertura en un instante.