La niebla
La niebla Los demás se lanzaron a sujetarlo, pero fue inútil. Norm desapareció en la niebla, su grito cortado de forma abrupta.
—¡Ciérrala! —vociferó Dan, luchando contra el pánico.
Con un esfuerzo titánico, David y Ollie lograron cerrar la puerta, atrancándola con una barra metálica. Unos segundos más tarde, algo golpeó violentamente del otro lado, haciendo que las bisagras chillaran de agonÃa, pero no cedieron.
El grupo retrocedió, jadeando, pálidos, temblorosos.
—¿Qué era eso? —susurró Ollie, aún con la pistola temblando en su mano.
—No lo sé —dijo David, su voz hueca—. Pero no es de este mundo.
Regresaron al área principal, donde las miradas ansiosas de los demás los recibieron. Sin necesidad de palabras, supieron que algo habÃa ido mal. La ausencia de Norm hablaba por sà sola.
La señora Carmody se levantó como si hubiera estado esperando su momento.
—¡Lo he dicho! —clamó, alzando los brazos—. ¡La niebla trae la purga! ¡El castigo de Dios! ¡Y no terminará hasta que se haga un sacrificio!