La niebla
La niebla Algunos se apartaron de ella, horrorizados. Otros, sin embargo, la miraron con ojos nuevos, llenos de miedo y esperanza desesperada.
David apretó los dientes. Sabía lo que se avecinaba: el miedo desatado, la locura, la histeria colectiva.
La niebla no sólo traía monstruos de fuera.
También despertaba a los que vivían dentro de cada uno.
Billy se removió en el carrito, gimiendo en sueños. David se acercó de inmediato, murmurándole palabras suaves, protegiéndolo de los horrores del supermercado tanto como de los horrores de la niebla.
Un nuevo día se avecinaba.
Pero ya nada sería igual.
La mañana siguiente llegó sin sol. Solo un resplandor opaco se filtraba a través de la niebla densa, una luz triste que parecía no calentar nada. Dentro del supermercado, la atmósfera era aún más pesada que la víspera. La tragedia de Norm flotaba en el aire, invisible pero tangible.
La señora Carmody caminaba entre los estantes como una predicadora en su púlpito. Sus palabras, al principio murmuradas, ahora se elevaban como un canto oscuro que iba envenenando los corazones: