La niebla
La niebla Mientras los gritos crecÃan, una idea peligrosa germinaba en el ambiente. Carmody exigÃa sangre, y los más aterrados parecÃan dispuestos a dársela.
David reunió a Ollie, Amanda, Dan y algunos otros que aún conservaban la cordura.
—Esta noche —susurró—. Nos vamos esta noche.
Los ojos de Amanda se llenaron de esperanza y terror al mismo tiempo.
—¿Y Billy?
David se agachó junto a su hijo, que seguÃa entretenido con su lata.
—Billy viene conmigo. Cueste lo que cueste.
Y entonces, como si la misma niebla hubiera oÃdo sus planes, un golpe ensordecedor sacudió el edificio. Algo grande se estrelló contra el techo, haciendo vibrar las paredes. Gritos de pánico estallaron por doquier.
—¡Es una señal! —vociferó Carmody, alzando los brazos—. ¡El castigo se acerca! ¡Dios exige sangre!
Sus ojos, brillando de fanatismo, se clavaron en Billy.
David se interpuso de inmediato entre su hijo y la multitud, su cuerpo entero tenso como un resorte.
—Sobre mi cadáver —gruñó.
Ollie sacó el revólver, sus manos firmes.