Misery
Misery Paul Sheldon despierta en una cama extraña, con las piernas destrozadas y un dolor que lo devora. No recuerda el accidente, solo la niebla, el frío y luego... ella. Annie Wilkes, su fan número uno, lo ha rescatado, pero algo en su mirada helada le dice que no es una salvadora. Es su carcelera. Y quiere algo de él. Algo que Paul ya no está dispuesto a dar. Mientras la nieve cubre el mundo exterior, en esa habitación aislada solo hay dos opciones: escribir o morir.
Paul Sheldon despertó en la oscuridad. Al principio, solo había dolor. Un ardor punzante en las piernas, una presión insoportable en el pecho. Trató de moverse, pero su cuerpo no respondía. Entonces, una voz emergió de la nada, dulce y cantarina, con un tono de afecto enfermizo.
—Estás despierto. Gracias a Dios.
La voz pertenecía a una mujer de rostro ancho y mejillas sonrosadas, con ojos que brillaban con una intensidad desconcertante. Se inclinó sobre él con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.
—Me llamo Annie Wilkes. Soy tu fan número uno.
