Mr. Mercedes
Mr. Mercedes Brady intenta activar el detonador, pero Holly lo embiste por la espalda con una furia que jamás pensó que pudiera salir de ella. Lo golpea con su bolso, luego con sus propios puños, lo deja inconsciente. El detonador cae, sin alcanzar el clímax.
El reloj del horror se detiene.
Pero no sin costo. En el forcejeo final, Hodges sufre un colapso. Su corazón no resiste. El sonido de las ambulancias corta el aire, mientras la multitud, ajena a todo, sigue disfrutando del concierto.
Brady es llevado al hospital. No muerto. No libre. Solo inmóvil.
Y el silencio, por fin, se impone.
Brady despierta en una cama de hospital. No puede moverse. No puede hablar. Su mente, atrapada en un cuerpo roto, todavía funciona. Y piensa. En cómo estuvo tan cerca. En cómo fue derrotado. Por un viejo. Por una mujer rota. Por un adolescente.
—Esto no se ha acabado —se dice en su prisión de carne y hueso.
Pero por fuera, es solo un cuerpo vegetal.
Mientras tanto, Bill Hodges se recupera lentamente. El infarto no lo mató, pero lo dejó debilitado. Los médicos le recomiendan calma, reposo, desconexión. Pero su mente sigue viva, afilada. Aunque Brady ya no pueda actuar, el peligro aún existe.
