Jumper
Jumper Pero algo salió mal. El salto no fue limpio. Sintió como si algo lo tirara hacia atrás, como si una fuerza invisible intentara arrancarlo del aire. Cuando aterrizó, no estaba en el lugar que había imaginado. En lugar de arena cálida y un océano azul, estaba en un hangar oscuro, rodeado por hombres armados.
—Lo tenemos —dijo una voz desde las sombras.
Davy intentó saltar de nuevo, pero algo estaba bloqueando su poder. Miró sus manos, intentando concentrarse, pero nada sucedió.
—¿Qué... qué hicieron?
De las sombras surgió una mujer de cabello corto y ojos afilados, vestida con un traje gris impecable.
—No te preocupes, David. No es permanente. Solo una pequeña medida de seguridad para que podamos hablar.
Davy retrocedió, sintiendo cómo la rabia y el miedo se acumulaban en su pecho.
—¡No tienen idea de lo que están haciendo!
—Oh, sí que la tenemos. —La mujer lo observó con una sonrisa fría—. Eres especial, David. Pero no eres el único.
Esa frase lo congeló.
—¿Qué significa eso?
La mujer no respondió. En lugar de eso, extendió la mano hacia él, como una oferta.