Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver Donde Pitman se aconseja con un abogado
Norfolk Street no es una calle grande, y además, no tiene nada de bonita. Se ven circular por ella sobre todo criadas sucias, despeinadas y evidentemente baratas. Por la mañana van a buscar provisiones a la calle inmediata, y por las noches se pasean de arriba abajo con sus novios. Dos veces por día pasa el vendedor de cordilla para los gatos. A veces un organillero novicio se arriesga en dicha calle, pero no tarda en desaparecer, desilusionado. Los días festivos, Norfolk Street sirve de circo a los jóvenes deportistas de la vecindad, y los inquilinos tienen ocasión de estudiar los diversos métodos posibles de ataque y de defensa individuales. Todo esto no impide, sin embargo, que pase dicha calle por respetable, porque siendo muy corta y poco pasajera, no contiene ni una sola taberna.
